Impresión 3D: más allá de las cabezas de Yoda

Escrito por Pablo Albarracín en Noticia | 0 Comentarios

27.07.15
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Existen hace más de 10 años y cada vez son más populares en ambientes ligados al emprendimiento y al mundo startup, las nuevas tecnologías y la creatividad digital. Es una herramienta infaltable, y hasta icónica a estas alturas, para la nueva generación de ‘makers’, que ahora pueden traspasar un código binario a lo físico, a lo palpable.

Su uso ha crecido debido a la notoria disminución de su valor en los últimos 5 años, a la masiva extensión y conocimiento del software libre y a la gran comunidad de creadores 3D que comparten sus ‘secretos’ en la web, haciendo cada vez más amigable utilizar estas impresoras.

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Pero su irrupción en la economía digital, es mucho más profunda de lo que pensamos. Para The Economist, es un síntoma inequívoco de una tercera revolución industrial, sobre todo en la industria manufacturera. “La impresora 3D puede funcionar sin supervisión y puede hacer muchas cosas complejas que una fábrica tradicional debe manejar. Con el tiempo, estas máquinas increíbles pueden ser capaces de hacer casi cualquier cosa, en cualquier lugar, desde su garaje a una aldea africana”, señala el medio inglés.

Sin embargo, son pocos aún los que pueden salir de la fase ‘cabeza de Yoda’ en el uso de las impresoras. La mayoría de los ‘makers’, así como en diferentes facultades de ingeniería o usuarios inquietos, le dan un uso recreativo y lúdico a las impresoras 3D, logrando una serie de artículos llamativos, que ya son parte del ‘bestiario 3D’, donde ya es común ver todo tipo de manos, cabezas de todo tipo y color, miles de figuritas de pequeño tamaño, entre una larga lista de objetos y rarezas. Pero no pasan de eso: bonitas, llamativas y tecnológicas rarezas 3D.

No es (solo) un juguete ‘techie’

Es un proceso gradual de aprendizaje (debe estar pensando más de alguien) lograr salir de una fase inicial-recreativa, para pasar a otra más utilitaria-negocio, tal como ha ocurrido con todas, o la gran mayoría, de las nuevas tecnologías.

Tampoco podemos esperar tener una enorme masa crítica de creadores en 3D que estén desarrollando negocios y empresas basadas en la impresión 3D y puedan salir de la concepción de ‘juguete’ con mayor velocidad, tal como sucede en los grandes centros de innovación, donde, por ejemplo, prueban ya con la impresión 3D de estructuras de hidrogel que serían “extremadamente resistentes y robustas”, o en la separación de dos hermanas siamesas en China gracias a la tecnología 3D, el automóvil en 3D construido por Local Motors o el motor impreso por General Electric.

Sin embargo, sí están surgiendo iniciativas en el país y la región, que nos entregan una visión prometedora sobre esta tecnología.

“Al involucrarnos con los clientes vimos que tenían variadas necesidades que nosotros podíamos satisfacer”, dice Christopher Cáceres, co fundador de Crea en 3D y de la ONG Con-Ciencia. “Las impresoras 3D tienen usos tan diversos que no se imaginan, desde la medicina hasta la química. Por ejemplo, pronto imprimiremos una prótesis de una pata a un perro”.

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Christopher señala que los usos son enormes, pero que es imperativo sacarse cuanto ante la idea de que la impresora 3D es un juguete tecnológico y mientras más temprano se inculque esto mejor. Por ello, Crea en 3D, hace talleres en colegios donde enseña a darle un uso práctico y utilitario a esta tecnología. De hecho, pronto lanzarán una plataforma web colaborativa donde se subirá y compartirá material relacionado a cómo imprimir en 3D, así como otras tecnologías asociadas, como la programación en Arduino.

Cáceres comenta que ya han tenido conversaciones con hospitales, entre ellos el Sótero del Río, sector donde ha tenido muy buena recepción la idea de generar prótesis, implantes y hasta órganos impresos en 3D. Crear piezas dentales en 3D, por ejemplo, asoma como una gran alternativa para los dentistas.

Desde lámparas solares a prótesis de manos

Para quienes aún no han oído de SULI Lab, empresa social chilena que entrega soluciones integrales y sustentables a través de la luz solar, les contamos que su producto estrella, la lámpara solar SULI, está impresa en 3D. Este emprendimiento, parte de la cartera de startups incubadas en Chrysalis, plantea un producto innovador por donde se le mire: es sustentable, resuelve una problemática social ligada a sectores de extrema pobreza, está impresa en 3D y, además, podrá (en un futuro) ser ‘customizada’ por los usuarios. En estos tiempos y en los años que vendrán, las piezas de hardware alimentadas con software libre, serán mejoradas por la comunidad.

“En mi perspectiva creo cada día menos en las patentes cerradas y en la propiedad sobre los objetos físicos y sí creo que si logramos masificar este producto estaremos pensando y preguntando a las personas, cómo hackeamos una Suli, o cómo entramos a desarrollar nuevas aplicaciones”, dice Macarena Pola, socia fundadora de Suli Lab. “Por eso el crowdfunding es importante, porque para mi la creación es también co-creación, tenemos que confiar en las personas, en los usuarios, en el público objetivo y las personas que usarán estas luminarias, que también puedan proponer y co-crear junto a nosotros en el futuro”.

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La idea es ir generando y construyendo una actitud frente a esta nueva tecnología. Y para hacerlo se requiere además de trabajo colaborativo. Unión, transferencia de conocimientos, experiencias y ‘secretillos’. El Crowdsourcing es vital en el desarrollo y masificación de una industria 3D. Interesante es lo que hacen en Mylocal3dprinting.com.

Otra experiencia interesante es lo que realizan en la startup Takeahand, que desarrolla prótesis en 3D.

“TakeaHand se propone hacer su experiencia transferible y escalable, crear una plataforma de diseño colaborativo”, dice América Silva, fundadora y socia de Takeahand.  “Nuestra idea es revolucionar los productos de salud como los conocemos hoy en día, a través de la colaboración de diseñadores motivados a hacer el cambio, a quienes les daremos soporte para vender sus diseños en todo el mundo y retroalimentación para desarrollar productos en el campo de la salud, un campo de gran impacto social y donde hay mucho que aportar desde el diseño y el uso de las nuevas tecnologías”.

 

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